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pdf-iconoShakespeare, para reconocernos

Manuela Herrera

noticia shakespeareNadie como Shakespeare para mostrarnos a través de sus personajes las mil caras e infinitas posibilidades del Ser Humano, haciendo un análisis y psicoanálisis profundo y despiadado de cada uno de ellos, de cada uno de nosotros.

Me encanta la frase del crítico e historiador Frank Ernest Halliday: ‘Montamos Shakespeare para saber de qué estamos hechos’. Afirmación al estilo de Harold Boom, quien a través de su libro: -Shakespeare. La invención de lo humano. Anagrama, 2002.-

(imprescindible para amantes de nuestro protagonista), nos cuenta que: ‘En Shakespeare, los personajes se desarrollan más que se despliegan, y se desarrollan porque se conciben de nuevo a sí mismos.

A veces esto sucede porque se escuchan hablar, a sí mismos o mutuamente. Espiarse a sí mismos hablando es su camino real hacia la individuación, y ningún otro escritor, antes o después de Shakespeare, ha logrado tan bien el casi milagro de crear voces extremadamente diferentes aunque coherentes consigo mismas para sus ciento y pico personajes principales y varios cientos de personales menores claramente distinguibles.’

El interés por los personajes shakesperianos ha calado en la ópera dejando grandes títulos en el repertorio lírico a lo largo de los siglos.

Recientemente hemos asistido en el Teatro Real a la ópera de juventud wagneriana La prohibición de amar, basada en Medida por medida de Shakespeare, y habiendo dedicado un artículo en el anterior número de la revista a Cervantes y la Ópera, es de justicia homenajear ahora a Shakespeare con la misma temática, pues la relación entre ópera y el gigante inglés tiene mucho que decir.

La leyenda asegura que los dos titanes del teatro y la literatura mundial decidieron partir juntos al 21 firmamento de la eternidad el mismo día de abril de aquél 1616. Cierto o no, lo que es indudable, es que gracias a sus personajes nos conocemos un poco mejor y en algún momento acabamos proyectándonos en alguno de ellos.

Personajes llenos de vida, de sentimientos humanos y divinos presentados por Shakespeare doscientos años atrás, saltaron a la escena haciéndose protagonistas de óperas mozartianas y sus contemporáneos en el siglo XVIII, imponiéndose por primera vez el sentido de lo cotidiano en el teatro lírico.

Shakespeare canta a lo largo de los siglos: desde Henry Purcell a Benjamin Britten, compositores como Gounod, Berlioz y Mercadante, Nicolai y Salieri, Rossini, Verdi o Max Bruch, y más recientemente Samuel Barber y Benjamin Britten, han bebido en la fuente inagotable del dramaturgo inglés, vistiendo de música a sus personajes favoreciendo que aquéllos de factura original congenien con los líricos de forma extraordinaria para enriquecerse mutuamente, lejos de ensombrecerse... como en obras de otros autores que no encuentran la adaptación al cine o a la ópera de igual modo.

Giuseppe Verdi lo tenía claro al pedir a su amigo Arrigo Boito un libreto para Otello. La afirmación de Niadne Knonchkine (Theatre du Soleil): ‘Montamos Shakespeare para saber de qué material está hecho el Teatro’, puede que estuviera ya en la mente de Verdi. Algo equivalente a ‘pongamos música a Shakespeare para engendrar una obra total’: un drama cercano a la modernidad o 22 al verismo, en el que los sentimientos, la intriga, el poder, el tira y afloja de las relaciones humanas, sean el espejo mismo de la música que los sostiene.

La intriga mortal encomendada al barítono que canta ‘Creo en un dios cruel, que me ha hecho a su propia imagen’, según el texto de Arrigo Boito, está dentro del marco absoluto de la convención teatral, 23 en abierto contraste semántico, al libreto del mismo autor sobre The Merry Wives of Windsor (convertido en Falstaff) que concluye con el testamento literario-musical del genio de Roncole, en idéntico registro baritonal: ‘Tutto nel mondo e burla!’.

El gran actor Laurence Olivier, tras ver el filme de Franco Zeffirelli recreando la ópera de Verdi sobre el gran personaje de Otello protagonizado por Plácido Domingo, dijo: ‘Es tan buen actor shakesperiano como puedo serlo yo mismo, pero además…, el maldito canta como un dios!”

Mientras el género operístico subsista, la obra de Shakespeare estará presente a través del sentimiento que generan y transmiten sus personajes. Tanto los funestos propósitos del siniestro Yago como el ridículo extrapolado de Sir John Falstaff... no hablamos de otra cosa que del ser humano, contradictorio y patético, que canta y llora, vive y muere. Sus personajes son subjetividad en acción y sin embargo, tan veraces como la vida misma.

Ya lo dijo el filósofo T. W. Adorno: Conviene hablar de ópera, pues en más de un aspecto constituye un prototipo de lo teatral, y no puede prescindir de su apariencia sin renunciar a sí misma. En consecuencia, la ópera lleva el proceso de objetivización a sus límites estéticos.

Shakespeare sigue vigente en la actualidad porque debate cuestiones de enorme relevancia, cuestiones en torno a la raza y la etnia o la identidad, en torno al poder, la monarquía o el estado. Shakespeare nos habla de los sentimientos, ambiciones, preocupaciones y pensamientos que perduran a lo largo de los siglos, lo que le hace, al igual que su coetáneo Miguel Cervantes, tan cercano. Shakespeare es la invención de lo humano, entendida como la invención del conflicto, la invención de la ambivalencia.

En la cultura occidental se dice que sea lo que sea que se diga, está escrito en la Biblia y ya lo dijo Shakespeare.

A mí no me queda más que decir: ¡Qué grande Shakespeare!... porque a través de tus personajes nos reconocemos.

Obras de William Shakespeare llevadas a la ópera.

1. Romeo and Juliet (1594-1595) en distintas adaptaciones de Niccolo Zingarelli (1796), P. G. Guglielmi (1810), Nicola Vaccai (1825), Melesio Morales (1865), Charles Gounod (1867), Riccardo Zandonai (1922) y G. F. Malipiero (1950).

2. A Midsummer Night’s Dream ha dado pie a una opera de Luigi Mancinelli (1917) y a otra de Benjamin Britten (1960).

3. Henry IV ha sido adaptada, en sus dos partes, por Giovanni Pacini (1820), Saverio Mercadante (1834) y Gustav Holst (1925).

4. Much Ado about Nothing (1598-1599): usada por Hector Berlioz en Beatrice et Benedict (1862), Charles V. Stanford (1901) y Reynaldo Hahn (1936).

5. Twelfth Night (1599-1600). Adaptada por Bedfich Smetana en su ópera inacabada Viola (estreno póstumo, 1924).

6. Hamlet (1600-1601): Saverio Mercadante (1822), Franco Faccio (1865), Ambroise Thomas (1868), Sandor Szokolay (1968). Foto: Francis Marshal 24

7. The Merry Wives of Windsor (1600-1601): Ditters von Dittersdorf (1796), Antonio Salieri (como Falstaff, 1799), Michael Balfe (como Falstaff, 1838), Otto Nicolai (1849), Adolphe Adam (como Falstaff, 1856), Giuseppe Verdi (como Falstaff, 1893) y Vaughan Williams (como Sir John in Love, 1929).

8. Measure for Measure (1604-1605), adaptada por Richard Wagner en +Das Liebesverbot (1836).

9. Othello (1604-1605): Gioacchino Rossini (1816), Giuseppe Verdi (1887).

10. King Lear (1605-1606): Antonio Cagnoni (1890), Alberto Ghislanzoni (1937), Aribert Reimann (1978).

11. Macbeth (1605-1606): Hippolyte Chelard (1827), Giuseppe Verdi (1847), Lauro Rossi (como Biorn , 1877), Ernest Bloch (1910), Lawrence Collingwood (1934).

12. Antony and Cleopatra (1606-1607): G. F. Malipiero (1938), Samuel Barber (1966), Emmanuel Bondeville (en francés, 1972).

13. Timon of Athens (1607-1608): Leopoldo I de Habsburgo (1696).

14. Cymbeline (1609-1610): Rodolphe Kreutzer (en francés, como Imogene, 1796);

15. The Winters Tale (1610-1611): Max Bruch (como Ermione, 1872); Karl Goldmark (1908).

16. The Tempest (1611-1612): Franz Anton Hoffmeister (1792); Peter Winter (1798); Johann Rudolf Zumsteeg (como Die Geisterinsel , 1798); Luigi Caruso (1799); Jacques Fromenthal Halevy (en italiano, como La tempesta, 1850); Felice Lattuada (1922), Heinrich Sutermeister (como Die Zauberinsel , 1942) y Frank Martin (1956).

17. The rape of Lucretia , ópera de cámara de Benjamin Britten, en 1946.